Avanza Rancas… libre de trancas

Avanza Rancas… libre de trancas

 (Entrevista a don Marcelino Gora Robles, Niño Héroe de la épica comunal en Rancas, Pasco, mayo 2 de 1960)

Víctor Raúl Osorio Alania (*)

«La literatura surge aquí como un intento de establecer otra verdad. Yo personalmente quise mostrar otra cosa. El pueblo indio era presentado sólo en su versión de siervo, de esclavo. Yo había asistido a sus luchas, y sus hechos me parecían épicos y sentí la necesidad de contarlos», confesión de Manuel Scorza Torres a Roland Forgues.

La historia puede contribuir en el avance o retroceso de un país. Cuando callan, y avalamos ese silencio, la recuperación de tierras ocurrida el 2 de mayo de 1960 en Huayllacancha, Rancas o la hazaña de Uchumarca (3 de marzo de 1962), la historia no resulta sincera ni proba.

Marcelino Gora Robles, “Niño Héroe” de aquella gesta campesina de 1960, manifiesta su verdad en la siguiente entrevista. Sin ironía, les digo que sus palabras brotan por la herida, porque la boca lo tiene ocupada justificando la hazaña de los ranqueños, a la larga, sus paisanos, su sangre, su raza, su clase, su gente.

¿Cuáles fueron los preparativos en 1960? Querido señor Víctor Osorio, el año 1960, a grandes rasgos, hicimos varias asambleas, en la cual estuvimos reunidos las autoridades, los comuneros y también los niños. Hemos participado para la recuperación de nuestros terrenos pástales que la [Cerro de Pasco] Corporation, indebidamente, aprovechando la inocencia de los ancianos, han usufructuado el terreno… Es así, en muchas asambleas hemos acordado hacer la recuperación de nuestros terrenos, ya que Rancas se encontraba alambrado con rompepatas, para que los animales no pudieran pasar… Es así, el 27 de abril [de 1960] hicimos un ensayo, en la cual –yo creo– participamos quince comuneros indefensos y nos enfrentamos a treinta policías armados, en la cual hemos sido heridos.

Me interesa conocer su testimonio del 2 de mayo de 1960. El dos de mayo [de 1960], a la una de la madrugada, hicimos nuestro viaje por la línea férrea. Así llegamos al sitio llamado Huayllacancha, en la cual nos posesionamos. Algunos preparamos nuestras chozas y quisimos arreglar de la mejor manera (de una forma civilizada), pero la Cerro de Pasco, intransigente, apoyado por el Gobierno de Facto, copropietario también de la Cerro de Pasco, enviaron doscientos policías contra sesenta comuneros indefensos. Eso de las diez de la mañana vinieron y nos acorralaron, el abogado de la Compañía, Manuel Carranza estuvo disfrazado de policía con el rango de Capitán, ordenó para que las autoridades se presenten…En la cual no estuvieron las diversas autoridades, sino nosotros acordamos para que nada más se hagan presente los representantes, entre ellos, nombres no puedo decir…

Se empieza, a eso de las diez y treinta a once de la mañana, una masacre directa a nosotros los ciudadanos, sean niños, estudiantes, jóvenes, señoras en estado de gestación y hombres… nosotros no teníamos armas para poder defendernos. La zona pastal era de un metro y veinte [centímetros de altura], no había ni piedra para poder defender. Es así, cobardemente, la fuerza armada, con el encabezamiento del abogado de la Compañía, ordenó a fin de que nos masacraran. Pero gracias, no nos hemos amilanado, no hemos tenido miedo a la muerte. Es así, fruto de eso fui yo el primer accidentado, de eso ya vinieron los tres muertos, dentro de eso la señora Silveria Tufino, el señor Alfonso Rivera, don Teófilo Huamán, con quienes digamos, directamente hemos participado, ya que ellos fueron mis vecinos tan cercanos y yo como soy niño, también he participado, para hacer respetar nuestros terrenos. Eso, sin tener ni un ganado.

Loas para los mártires campesinos Teófilo Huamán Travezaño, Alfonso Rivera Rojas y Silveria Tufino Herrera. El dos de mayo de 1960, ¿cuántos años tenía usted? Tenía doce años y estaba cursando el cuarto grado de primaria. Mis profesores fueron: Amancio Rivera Rojas y Erasmo Buendía.

¿A cuál de los dos profesores empezó a golpear la policía? Empezó a golpear a mi profesor Amancio Rivera y a otras autoridades, que son tíos y primos míos, que han representado como autoridades.

¿Es cierto que el profesor Amancio portaba el bicolor nacional? Sí, eso es cierto. Porque la bandera hemos portado varios. No solamente había una bandera, sino hemos portado varios.

Don Marcelino, ¿ustedes fueron a apoyar la recuperación de tierras por iniciativa propia o alguien les obligó? Bueno, nosotros los niños, también éramos participes de la Asamblea General, en la cual, del informe que hemos recibido, como somos niños, hemos participado por iniciativa propia.

¿Cuántos niños participaron el 2 de mayo de 1960? En verdad para ser sincero, no recuerdo. Por lo menos hemos participado unos 25 o 30.

Los niños con quienes estudiaba usted, en la Escuela de Rancas, ¿estaban uniformados o asistían con la ropa que tenían? En verdad no hemos asistido a la Escuela –como se pensó hacer la recuperación de nuestros terrenos–, para hacer más número, como nuestra Comunidad era tan chica… dejando de ir a estudiar fuimos acompañando a nuestros padres.

¿En qué parte del cuerpo recibió usted los balazos? Recibí las balas en la región lumbar del lado izquierdo. Dos balas que hasta ahora me siento incómodo y siempre digamos, eso se presenta en forma de herida cancerosa. Siempre, estoy con problemas, con ese malestar. Aparte de eso digamos, he quedado inválido, porque ahorita estoy con un trabajo nada más casi de «mujer», porque de fuerza, inclusive ya en el brazo izquierdo no tengo fuerza… A mí lo que más me duele, en el alma, es que cada dos de mayo se habla de los caídos, de los heridos y de mi nombre, pero nunca, nunca me han invitado para el festejo del dos de mayo o por lo menos la Comunidad en sí o los que se creen ahora comuneros o ranqueños, dicen que por lo menos ese pobre muchacho o ese pobre señor hay que dar siquiera una taza de leche o algo.

Colofón. Marcelino Gora Robles radica en Huancayo, Ciudad Incontrastable, él puede tener la certeza de la admiración de los pasqueños, porque defendió el poncho y la madre tierra. Muchas gracias Marcelino, / el triunfo vale un ejemplo, / asombro que llega al templo… / ¡Salud! con cañazo y vino.

(*) “El Puchkador de la Nieve”

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